Lo mejor de la vida es vivirla, y día a día, los que no estamos muertos (que no somos mayoría) lo hacemos, por lo que es un privilegio poder hacerlo, así que es hora de agradecerlo. Y para agradecerlo no tenemos que hacer sacrificios, aunque muchas veces lo tenemos que hacer para garantizar seguir viviendo por un rato mas, pero para agradecer estar vivo no hay que hacer sacrificio, basta con vivir, con sonreír, con llorar de vez en cuando, con disfrutar lo que haces y lo que tienes más que desear lo que no tienes.
Y es que con cada momento que vivimos podemos hacer de ese momento nuestro momento, hacer de lo especial una constante (aunque dejaría de ser especial). Vivir cada momento como lo que es, único. No para siempre disfrutaremos de ver el sol salir y hacernos sudar ríos. Vivir no es complicado, las complicaciones la damos nosotros, y aunque siempre está la posibilidad de morir, no por eso viviremos con miedo. Siempre que tengamos un rinconcito donde resguardar nuestra cabeza debemos agradecer estar vivos de la mejor forma posible, ¿Cómo? Pues viviendo.
Así que ponte a vivir el presente, a disfrutar de las pequeñas cosas que podrían ser insignificantes. Recuerda que las complicaciones del mundo no tienen por qué ser tus complicaciones. Solo sonríe y disfruta de respirar de gratis.
